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Estudio preliminar para reconsiderar la mirada japonesa hacia América Latina: libros de viaje en japonés en la posguerra Showa, 1952-1989.1

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Estudio preliminar para reconsiderar la mirada japonesa hacia América Latina: libros de viaje en

japonés en la posguerra Showa, 1952-1989.

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Taro NAGANO

Resumen

En este trabajo trato de esbozar algunas tendencias latentes en los libros japoneses de viajes a América Latina escritos entre 1952 y 1989, a la vez que procuro poner de relieve las condiciones de su producción. Lo primero que intento hacer es aclarar en qué circunstancias y bajo qué condiciones viajamos los japoneses a América Latina en la posguerra Showa. El primer período fue entre 1952 y 1964, cuando solo personas selectas con fines específicos podían salír del país. El segundo es entre 1964 y 1977, cuando el bajo valor del yen dificultaba el acceso a América Latina, aunque poco a poco mochileros jóvenes empezaron a combinar trabajos a escondidas con sus andanzas por el mundo. En el tercero, entre 1977 y 1989, gracias a la cotización alta del yen, prácticamente todos los japoneses estaban ya dotados de la posibilidad de realizar un viaje a América Latina si querían. A pesar de las condiciones históricas señaladas aquí, no ha variado mucho la mirada de los viajeros japoneses hacia América Latina: es una tierra lejana de difícil acceso con poca información disponible, tierra que invita a hacer aventuras, sobre todo a los hombres, donde gente hospitalaria los espera y comparten el sentimiento en contra de la supremacía económica y política de Estados Unidos.

「日本におけるラテンアメリカ認識を再考するための予備的考察

―戦後昭和期の旅行記をめぐって(1952-1989)」

長野 太郎

要約

本稿では、戦後昭和期(1952-1989)に出版されたラテンアメリカへの旅行記を 読み、ラテンアメリカをめぐる言説の傾向と、旅行者をめぐる状況の変化を明 らかにすることを目指した。当該時期にラテンアメリカに渡航した日本人旅行

1 El texto original de este artículo fue presentado en LASA2017 (Lima, Perú) y en el 38º congreso de AJEL (Tokio). Agradezco a todas las personas que me ofrecieron ayuda y me hicieron comentarios antes y después de las ponencias.

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者については、3つの時期区分を想定することができる。第1の時期(1952-64)

においては、特定の目的を有し、許可を得たものだけが出国することができた。

2の時期(1964-1977)には、海外旅行は自由化されたものの、外貨持ち出し 制限や円安のために、個人旅行は困難であった。そのため一部の若者は、海外 で資金を調達し、その後バックパッカーとして長期間旅行を続けるスタイルを 生み出した。第3の時期(1977-1989)には、急激な円高の進行で海外旅行が大 衆化し、誰もがラテンアメリカを含む世界に旅行することが可能な時代となっ た。このように、時期により旅行の前提条件や旅行者のプロフィールは異なる。

しかし、すべての時期において、旅行記にあらわれるラテンアメリカ像は、情 報が少なく行くことの難しい遠隔地であり、主に男性にとって冒険に誘う土地、

人々は友好的で、反米意識を共有する、またはそれを意識させる土地、という 一貫した傾向を示している。

Introducción

En este trabajo intento poner de relieve la mirada de los japoneses hacia América Latina a través de la lectura de libros de viaje. Para mí, este enfoque implica dirigir la lente de cámara a nosotros mismos, pero no es una tarea fácil. ¿Qué puedo decir yo de nosotros mismos? Primero hay que conocer la historia reciente del país, y luego entender el porqué de nuestro modo de pensar.

En cuanto a mí, realicé mi primer viaje a América Latina entre 1987 y 1988 durante 10 meses. Cuando hablo de “viaje”, esto implica desplazamientos que incluyen ida y vuelta2. Entonces la migración, sea voluntaria o forzada, no está bajo nuestro punto de mira. Al partir, el viajero tiene ya una vaga noción de cómo serán los lugares que va a recorrer porque ha leído libros sobre ellos. Entonces esos libros de viaje cimientan la base para esbozar el plan, y determinan, en mayor o menor medida, lo que uno va a encontrar en sus andanzas. Es por eso que vuelvo la mirada a los libros que podrían haber influido en mi primer viaje.

La literatura de viajes es un género de no ficción sobre el que hay una amplia bibliografía, sobre todo en inglés, pero Japón tiene una larga tradición en este campo.

Aunque no voy a entrar en detalles, cabe señalar que en Japón este género ha seguido una tendencia a preferir lo lírico y lo emocional a lo descriptivo y lo informativo. Pero es verdad que, aunque no todos los viajeros escriben libros sobre sus experiencias durante el

2 Almarcegui (2013) formula que uno de los elementos que caracterizan el viaje es el desplazamiento, es decir,

“el movimiento que hace pasar a un viajero de una posición a otra” (p.13). Sin embargo, como aquí se presta atención a la escritura de libros de viaje, creo que es necesario agregar el elemento del retorno.

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viaje, algunos parten ya con el compromiso de escribir un libro. En ese caso tampoco es igual el tiempo permitido para dejar reposar su experiencia antes de ir tejiendo las palabras.

Esto tiene mucho que ver con el deseo, la necesidad y la demanda.

Delimito el período que se enfoca aquí entre 1952 y 1989: el año 1952 es cuando Japón recupera la independencia al terminar oficialmente la ocupación norteamericana que fue la consecuencia de la derrota en la Segunda Guerra Mundial. El año 1989 es cuando termina la era Showa3 con la muerte del emperador Hirohito.

La era Showa duró 64 años y se divide en tres períodos: la preguerra, la guerra y la posguerra. Para enfatizar la continuidad del tiempo que nos interesa, llamaré “posguerra Showa” al período indicado. La posguerra Showa fue un tiempo de paz y de desarrollo económico. Pero no faltaron tampoco turbulencias políticas y sociales que cuestionaron en vano la forma de ser del estado. En 1960 se desata en Japón una protesta masiva en contra de la firma del Tratado de Cooperación Mutua y Seguridad entre Estados Unidos y Japón, que estipula la permanencia de los militares estadounidenses en el territorio japonés. Este movimiento civil, pese a haber movilizado a varios sectores sociales, no logra revocar la decisión del gobierno. Siguió otro movimiento estudiantil a finales de la década de 1960, como veremos más adelante.

En este marco geopolítico, América Latina cobra un sentido especial para los viajeros japoneses. Pero América Latina está lejos. Es un destino de difícil acceso por la distancia, por el tiempo y el costo del viaje necesarios si uno quiere llegar. Y esto no ha cambiado mucho hasta ahora. Según la estadística de la oficina de turismo del gobierno japonés (JNTO), solo un 1 % de los turistas japoneses viajaron a América Latina en 20144.

Es por eso que cabe cuestionarse el sentido del viaje de Japón a América Latina.

¿Quién viaja? ¿Adónde viaja? ¿Qué busca? ¿Qué encuentra? ¿De qué habla? El estudio que sigue no pretende ser exhaustivo ni sistemático, ya que la bibliografía resulta interminable y los libros se encuentran dispersos. Por tanto este es un intento de esbozo preliminar.

Cartografía imaginaria de América Latina

Es difícil saber a ciencia cierta los conocimientos colectivos acerca de una región.

3 En japonés se llama gengou al período que corresponde, en principio, al reinado del emperador. A pesar de la derrota del régimen imperialista ante los países aliados, su uso no ha desaparecido del todo. En nuestra imaginación popular, el gengou es como un recipiente en el que se van depositando los sucesos históricos junto con nuestra experiencia personal. Su continuidad e interrupción marcan nuestro modo de imaginar la historia. Por eso no es lo mismo decir “nací en el año 40 de Showa” que “nací en el año 1965”.

4 Japan National Tourism, “Japanese Overseas Travelers by Destination (Visitor Arrivals from Japan) from 2011 to 2015,” http://www.jnto.go.jp/jpn/statistics/20160901.pdf , visitada el 4 de Abril de2017.

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Sin embargo, la lectura analítica de los libros de viajes nos ayuda a aproximarnos a la cartografía imaginaria de América Latina en ciertos momentos. Muchas veces la particularidad de cada país cede paso a la abstracción o el estereotipo de la región. A pesar de su extensión y su diversidad, América Latina es vista por los japoneses como una sociedad con un carácter reconocible.

Por ejemplo, el escritor japonés Yukio Mishima (1925-1970), quien viajó de joven por el mundo en 1951, justo un año antes de comenzar el período que nos interesa, cuenta en su crónica de viaje5 la emoción que le causó su llegada a Brasil, de paso por Estados Unidos a Europa. Curiosamente, confiesa que se sentía atraído por Brasil desde antes. A la vista del aeropuerto de Río de Janeiro desde el avión, le late el corazón, y escribe así:

El primer encuentro con la vista nocturna de Río de Janeiro me emocionó. Dije el nombre de la ciudad. Cuando el avión se inclinó para prepararse a aterrizar, pensaba que si se cayera sobre las luces de la ciudad no me importaría. No me explico por qué me siento tan cautivado por Río. Hay algo ahí, tal vez. Algo que me seducía desde siempre del otro lado del planeta (Mishima, 1982: 48).

Luego Mishima siente la sensación de “dèjá vu” vagando por las calles de Río. Refresca la memoria de su infancia y se siente embelesado. Él observa la calle desde un lugar seguro, vuelve la mirada a sí mismo, hacia el tiempo pasado, pero parece que no tiene la intención de establecer relaciones con el entorno que lo rodea. Mishima ve lo que quiere ver, y el Brasil que le fascina es el reflejo de sus deseos, y no le invita a pensar en la vida real de otras gentes.

Siete años después del viaje de Mishima, otro escritor japonés, Makoto Oda (1932- 2007), viajó por el mundo con una particular postura abierta a todos los habitantes de la tierra. En la literatura de viajes en la posguerra Showa, el libro escrito por Oda, Nandemo mite yarou, marca una época e inicia una serie de relatos de viajes alternativos de bajo costo por parte de jóvenes viajeros.

“Voy a echar un vistazo a Estados Unidos”, así empieza el libro de Oda. Él consigue la beca de estudios Fulbright Japan para estudiar un año en la Universidad Harvard6. En 1958 parte rumbo a Estados Unidos y, al volver a Japón, publica en 1961 el libro en que cuenta

5 Mishima, 1982.

6 Oda tenía entonces 26 años y estudiaba literatura clásica de la Antigua Grecia en el posgrado de la Universidad de Tokio, y tenía ya publicadas dos novelas largas ambiciosas. Por cierto, era uno de los jóvenes intelectuales que prometían desarrollar una carrera brillante.

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su experiencia en el exterior. El libro no se dirige a los intelectuales sino a los lectores jóvenes en general de la época. A propósito evita escribir sobre las clases en Harvard, pero da cuenta de los detalles de diálogos y debates mantenidos con estudiantes, artistas e intelectuales que llegó a conocer allí. Confiesa que habla pésimo el idioma inglés, pero nunca pierde la ocasión de entablar conversación sobre temas importantes. El libro pone de manifiesto un sujeto viajante libre, orgulloso e independiente, y así, se diferencia del típico relato de viaje de estudios en el extranjero que normalmente tiene como objetivo enfatizar su aprendizaje en una civilización más avanzada.

Nandemo mite yarou, que se traduciría como “voy a ver todo lo que caiga”, es el lema que mastica el autor cuando viaja a México después de sentir de cerca la realidad de la sociedad norteamericana dividida por líneas de riqueza y de razas. En el otro lado de la frontera le esperaba una sorpresa:

Quise lavarme las manos, pero no salía el agua. En Laredo, en el otro lado del puente, corría el agua en abundancia, inclusive agua incontrolablemente caliente al abrir el grifo, pero aquí no hay agua, ni fría ni caliente. Ni una gota. Entonces, un estadounidense que me observaba curiosamente a mi lado, sonrió maliciosamente, y dijo: “This is Mexico” (Oda, 1979: 137).

Este acontecimiento lo invita a reflexionar sobre el sentido de su estancia en Estados Unidos. No se sintió asombrado por el mal servicio del agua corriente, sino por descubrir el hecho de que en un año se había acostumbrado completamente al estándar de vida de Estados Unidos. Si no hubiese viajado a México y hubiese vuelto directamente a Japón, se habría lamentado pensando en el estado atrasado de su país por no contar con agua caliente a su antojo. Pero Estados Unidos era una excepción en el mundo. Hay otras realidades, piensa, y plantea lo siguiente:

Voy a ver todo lo que caiga, me dije de nuevo. Los países sin agua, otros con poca agua, países con agua caliente, otros sin ella, debo ir viéndolo todo. Fue entonces cuando me decidí claramente a hacer un viaje por Europa y Asia, de regreso de Estados Unidos a Japón (Oda, 1979: 138).

Luego, Oda realiza un viaje recorriendo varios países que se encuentran entre Nueva York y Tokio viajando hacia el este, sacando el máximo provecho del pasaje de avión que le permitía hacer varias escalas en el camino. Era un viaje de autoestop, de albergues juveniles, y de dormir al raso en el peor de los casos. El estilo del viaje que hizo Oda fue

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precursor del de los “mochileros”7. Aunque para la mayoría de los viajeros japoneses, América Latina nunca ha sido un destino preferido, el hecho de que Oda descubra la existencia del otro mundo en México parece significativo.

Además, su paso por México le aporta otros hallazgos interesantes. México acogía a muchos exiliados, refugiados y expatriados8. En la ciudad de México entrevista a un expatriado japonés, Seki Sano, radicado en el país. Sobre este hombre de teatro, un comunista cosmopolita que domina varios idiomas a la perfección, Oda no oculta su envidia por ser tan coherente con sus ideas, pero a la vez lo encuentra ajeno a la realidad e historia reciente de Japón, porque no sufrió en carne propia el bombardeo, las bombas atómicas y el hambre causados por la guerra. Por otro lado, vio que muchos estadounidenses pasaban una vida extravagante y holgazana para sentirse libres, sin tener la menor intención de comprometerse seriamente con México9. Una joven le afirma:

“aunque te guste, tú no puedes vivir en la luna” (Oda, 1979: 148).

Con respecto a los mejicanos, Oda siente simpatía, sobre todo, por la forma de ser de los intelectuales10. Oda señala que los norteamericanos son realistas y pragmáticos, y no pierden tiempo en discusiones abstractas. Pero mientras vivía en Estados Unidos lo que más le hacía falta eran esas discusiones, según dice. La idiosincrasia de los intelectuales mejicanos le permitió ver lo similar que vivían los japoneses11. De esta manera Oda se da cuenta de que más allá de Estados Unidos hay otro mundo, otra realidad, que podría tener mucho en común con la sociedad japonesa. Esta mirada que procura ponerse del lado de la realidad del resto del mundo y vence el dualismo entre nosotros y los otros, por cierto,

7 De hecho, la parte del viaje con bajo presupuesto convierte el libro en uno de los más vendidos, más famosos y más duraderos hasta ahora dentro de la literatura de viajes.

8 Quedó impresionado al saber que hasta los inmigrantes ilegales conseguían la ciudadanía después de pasar unos años bajo esa condición, por lo que llega a concluir maravillado que “en México todo es posible” (Oda, 1979: 140).

9 Desde la llegada de los primeros beatniks, México se convirtió en el destino preferido de los hippies.

10 De ahí observa lo siguiente: “El redactor jefe era poeta. Dice que lee todo en inglés, sea Faulkner, sea Joyce, pero es sordo y mudo, algo muy común entre nosotros. Esto me hizo recordar a mis amigos literatos en Tokio, tan inteligentes como eminentes. Segundo, su biblioteca. Hay todo tipo de libros refinados e intelectuales en inglés o en francés. Me sentí como si estuviera en Tokio. Tercero, el alcohol. Si cambiamos los vasos de tequila por los de whisky nacional, es similar a la casa de mi amigo en Shinjuku, Tokio. Es muy gracioso” (Oda, 1979: 156).

11 “Quizás en la cabeza de los mejicanos estén siempre presentes Europa y Estados Unidos. ¿No será lo mismo que nuestra cabeza está siempre ocupada por el Occidente que representan esas regiones? A veces lo que sienten los mejicanos ante Europa y Estados Unidos toma la forma del complejo de inferioridad. Lo mismo pasa con nosotros” (Oda, 1979: 169).

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abrirá una nueva posibilidad en las relaciones interculturales de la posguerra Showa12.

México y el alto crecimiento económico de Japón

Parece que México era un país digno de mención especial en la literatura de viajes en la posguerra Showa. Muchos libros fueron publicados sobre este país. Aunque es poco conocido, por lo menos en su tiempo, el artista plástico japonés Taro Okamoto (1911- 1996) amó México e hizo múltiples viajes al país a finales de los años 1960. Iba a preparar una pintura mural que le había encargado el empresario mexicano Manuel Suárez para decorar la entrada del Hotel de México que se construía en la capital. Paralelamente a su trabajo con su obra mural Asu no shinwa (Mito del mañana) Okamoto asumía el cargo de productor de la exhibición temática de la Expo '70 en Osaka. Taiyo no tou (la Torre del Sol) levantada en el centro del espacio temático es considerada hoy su obra maestra y simboliza la época del alto crecimiento económico de Japón en los años 1960, el llamado milagro japonés. Esta obra es y ha sido demasiado famosa como para eclipsar completamente el otro trabajo paralelo en México que nunca vio la luz por la quiebra de la empresa de Suárez, y luego quedó perdido13.

Taro Okamoto fue un hombre cosmopolita, y además de ser un artista con un carácter inconfundible, estaba dotado de un gran talento para articular palabras provocativas que en general no pasaban inadvertidas14. Pero a Okamoto se le consideraba como a un extraterrestre. Su paso por Europa, demasiado deslumbrante para la gente de la época que luchaba para sobrevivir, nada parecía real, y su forma de hablar directo y grandilocuente sonaba más fanfarrona que razonable. Era un ave solitaria que volaba alto en el cielo, de quien nadie comprendía de verdad lo amplio y profundo de lo que pensaba15.

12 La empatía que halló Oda en México no es nada original ni novedosa, quizás. Pero se articuló en un momento preciso.Después de la movilización masiva en 1960 en contra de la firma del Tratado de Cooperación Mutua y Seguridad entre Estados Unidos y Japón, Oda llegó a ser uno de los líderes visibles del movimiento civil moderado Beheiren (Liga Ciudadana para la Paz en Vietnam) que va tomando forma después de esta protesta frustrada.

13 El mural, casi acabado, fue encontrado en 2003, después de su muerte, y ahora se encuentra en un corredor de la estación de Shibuya, una de las estaciones de trenes más importantes de Tokio. El mural denotaba un evidente mensaje crítico a la tecnología y a la idea del progreso por su alusión a la destrucción causada por la bomba atómica. Es la otra cara de la moneda de la euforia de la Expo ’70 en Osaka.

14 Nació en Tokio en 1911, de padres artistas, un caricaturista y una novelista, muy famosos los dos, y a partir de los 18 años vivió 11 años en París hasta que la ciudad cayó en manos de los nazis. Formó parte de los movimientos vanguardistas parisinos a la vez que estudiaba filosofía y etnología en la Sorbona. Después de un paréntesis en China, donde se vio obligado a luchar en la guerra imperialista como un soldado más sin rango, al terminar la guerra pronto empieza a liderar el movimiento vanguardista en Japón. Es conocido como agudo crítico de la cultura contemporánea de Japón y descubridor del valor de las culturas periféricas y arcaicas.

15 Solo póstumamente, a partir de 1999 aproximadamente, empieza la revalorización de su trabajo, sobre todo respecto a sus escritos.

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No sabemos cómo y cuándo le encargaron el mural, pero lo cierto es que realizó su primer viaje a México en 1963 y vuelve allí en 1967 para el rodaje de un programa de televisión. En febrero de 1968 abre su taller en México para trabajar con el mural16 y viaja a menudo a México mientras trabajaba con la visualización del tema de la Expo ’70, que era “el progreso y la armonía de la Humanidad,” un mensaje con el que él no estaba de acuerdo del todo17.

En 1982 Okamoto publica un libro de sus viajes por el mundo que incluye muchas páginas sobre sus experiencias en México a finales de los años 1960. En el libro escribe que México tiene un sentido de la vida diferente y conmovedor. En cambio, la gente de los países más ricos y con estilo de vida moderno parece vivir feliz, pero en el fondo se ve algo oscuro, por tener que vivir oprimidos por el peso de la sociedad18. De esta manera, Okamoto comenta que en México existe todavía el valor tradicional que los países ricos van perdiendo. En los años de 1960, Japón había pasado del lado de México al de los países “ricos”.

Dudo que este libro tuviera una amplia repercusión entre los lectores. El momento glorioso de Okamoto se acababa ya a mediados de los años 1970. En los años 1980, cuando el libro vio la luz, nadie creía que los pensamientos de Okamoto tuvieran peso dentro de la sociedad japonesa. Lo que se veía a través de la pantalla de televisión era un hombre extravagante y raro, la máscara de un payaso. Entonces esta observación de Okamoto probablemente no hiciera eco en el oído de los japoneses.

Desde luego, la imagen bucólica que Okamoto quiso ver en México estaba incrustada en las relaciones de poder. Es por eso que otro pensador japonés, Shunsuke Tsurumi (1922-2015), que visitó México unos años más tarde invitado por el Colegio de México19,

16 Taro Okamoto Museum of Art, “chronology (en japonés)”, www.taromuseum.jp/introduction/introduction.

html, visitada el 17 de marzo de 2017.

17 Planteó decorar el interior de la estatua emblemática de la Torre del Sol con las variadas máscaras del mundo entre otras cosas. Era la manifestación de su lema “taikyoku shugi (polarismo)” que consta de fundir los conceptos opuestos con todas sus contradicciones.

18 El japonés no es la excepción, dice, y reflexiona lo siguiente: “México me hizo pensar en el destino de la cultura humana, es decir, los polos opuestos del estilo de vida que conviven en el planeta. No se trata de la distinción formal entre los países desarrollados y los subdesarrollados, o entre los ricos y los pobres, sino de la diferencia más primordial del modo de vivir. Unos antípodas” (Okamoto, 1982: 138-139).

19 Impartió clases sobre Literatura Moderna y Pensamiento Político Japoneses por un año (Tsurumi, 2013).

Además de él, varios intelectuales japoneses pasaron por las aulas de esta misma institución dejando huellas singulares en ambos lados del Océano Pacífico.

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no pudo dejar de observar la subyugación histórica a que se sometió México20. Tsurumi quiso ver con sus propios ojos cómo los pueblos originarios se resistían ante el avance del impulso modernizador. Hace una visita a un asentamiento yaqui cerca de la ciudad de Obregón para dialogar con ellos. A la gente en la ciudad se le oía hablar sobre que los yaquis eran "peligrosos” o “perezosos.” Pero al llegar al pueblo y después de intercambiar palabras con ellos, Tsurumi descubrió que el hecho de conservar los valores propios y la tradición oral les hizo posible subsistir como grupo social. Sobre todo, la persistencia de la educación histórica por tradición familiar y la superposición de la religión nativa con el cristianismo fortalecían la identidad colectiva21. Tsurumi ve en el pueblo yaqui un estado dentro del estado, y le permite soñar con un modelo alternativo al actual:

Esta experiencia de los estados dobles sugiere un nuevo modelo para el futuro del mundo. ¿Por qué hay que aceptar que nuestro futuro sea la expansión del dominio monopolizado por las grandes potencias igual que hasta ahora? (Tsurumi, 2013: 111)

Pequeño, pero no subyugado, ese fue el ideal que en el fondo todos los movimientos sociales de la posguerra Showa procuraron realizar, pero la búsqueda de riqueza y bienestar alejó la mirada de los japoneses de él. El calor del movimiento estudiantil que hacía furor hacia finales de los años 1960 se fue acabando en la primera mitad de la década siguiente (Yoshimi, 2009).

Viaje a vista de pájaro: mochileros en los años '70

Nonde kutte nete: memoria de vagar por el mundo (1975) es un libro publicado por siete viajeros japoneses que andaban por el mundo, en promedio cuatro años y algunos muchos más, y se conocieron un verano en Sudamérica. Cada texto que compone el libro da

20 Reflexionó lo siguiente en un viaje de paseo en autobús: “En el camino, cerca de la playa de Mazatlán, vi una conglomeración de unos 100 camiones articulados estacionados ahí. Ofrecían un claro contraste con las casas de adobe de los mejicanos. Dicen que son familias que vienen bajando de Estados Unidos, recto hacia el sur por la autopista, y disfrutan de las vacaciones veraniegas, pero a mí me parecía como si fuera una tropa de conquistadores que venían con una misión modernizadora, igual que los conquistadores montados a caballo bajo el mando de Hernán Cortés” (Tsurumi, 2013: 84-85).

21 “Está en el centro del pensamiento yaqui, y desde que aceptaron el cristianismo hubo un proceso de superposición de la religión nativa con él para armar una tabla más fuerte. Después de abandonar las armas, siguen contando la historia de la resistencia, y así, las luchas armadas de antaño viven en ellos como una oposición pacífica. Esto tal vez hace que los mejicanos de afuera creyeran que los yaquis eran temerosos”

(Tsurumi, 2013: 112).

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cuenta de la experiencia en el viaje, pero la forma, el estilo y la temática elegidos por los autores difieren de uno a otro. Variados y frescos relatos de viaje tratan desde consejos prácticos para viajeros, memoria de travesía por el Sáhara en furgoneta, aventuras por ríos y montañas, viaje difícil y complicado por los países del Este entonces bajo el régimen comunista, hasta amigos entrañables, trabajo en Nueva York y en el norte de Europa, y amoríos fugaces que recuerdan con tintes románticos. Aquí se encuentra todo sobre el viaje de mochileros. El título, que en japonés significa “beber, comer y dormir”, lo sintetiza todo22.

Antes de 1964, el viaje de turismo individual era prácticamente inexistente. Sólo diplomáticos, políticos, científicos, hombres de negocios, periodistas, personas con invitación o emigrantes salían de Japón. Por eso el hecho de que aparecieran individuos que practicaran viajes de aventuras con una mochila a la espalda representaba un hito importante en la posguerra Showa. Cuando yo tenía 15 años, allá por el año 1980, devoraba libros de viaje, memorias de estudios en el extranjero, de estancia por trabajo en países lejanos, por el afán de sentir el mundo de cerca, sin importarme mucho de qué parte del mundo se tratara. No existía todavía Internet ni tenía acceso tampoco a las revistas especializadas en el viaje de bajo costo. De modo que este libro que reunía los escritos de siete viajeros anónimos23 me dejó una fuerte impresión y me abrió los ojos para ir al encuentro con el mundo de manera diferente. Fue el libro que me enseñó cómo viajar por el mundo que aún conozco. En la tapa del libro se lee así:

Siete aventureros -el Cabo, el Cursi, Cachito, Chinnen, el Karate, el Amigo y el Sr.

Chin- se conocen en Santiago de Chile, durante un viaje por el mundo en busca de romanticismo y sueños. Congenian y escriben juntos una divertidísima y picaresca memoria de vagancia.

Aunque no hay datos precisos sobre el perfil de cada uno de los colaboradores, si estos tenían entonces entre 25 y 30 años de edad, se puede estimar que nacieron entre 1945 y 1950 aproximadamente y coinciden más o menos con la generación que vivió la convulsión política del movimiento estudiantil que tomó forma definida a finales de 1960. Se conoce como la generación de Zenkyoutou por el nombre dado a la organización emblemática de la época.

Después del fallido intento de movilización masiva en 1960, el segundo momento

22 Parece interesante que los autores prioricen la sensación corporal en vez de la visión –“ver” (miru).

23 Aunque se especifican los nombres y apellidos, eran jóvenes desconocidos que se identificaban con apodo. En las décadas de los años ‘60 y ‘70 se publicaron varios libros de viaje de jóvenes aventureros.

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del movimiento estudiantil se extiende entre mediados de los años 1960 y mediados de los años 197024. Por un lado estaba el movimiento civil abarcativo e inorgánico que se llamó Beheiren (Liga Ciudadana para la Paz en Vietnam) liderado por Makoto Oda, a cuyo libro hice mención anteriormente, y por otro lado estaban algunas organizaciones radicales de Nueva Izquierda como el Ejército Rojo Japonés, que sorprendieron a la gente del mundo por sus acciones fanáticas. Y en el medio estaba la orientación de Zenkyoutou, que se traduciría vagamente como “liga de todo el campus para la lucha conjunta,” que se encontraba en algún lugar medio entre el optimismo flexible de Beheiren y el idealismo intransigente del Ejército Rojo.

De todos modos, los viajeros de Nonde Kutte Nete respiraban el mismo aire fervoroso de la época. Cabe notar que sus escritos a veces dejan entrever el calor de este momento particular convulsivo y es por eso que estas páginas en color sepia que he vuelto a leer casi 35 años después conservan una frescura dulce y amarga que me toca el corazón.

Desde luego, este libro no es sobre el viaje a América Latina en particular, pero, como he señalado, los viajeros se conocen en el camino de su viaje a Río de Janeiro para tomar parte en la fiesta más grande del mundo. Sus caminos se cruzan en Santiago de Chile hacia el final de sus viajes. Por lo tanto, el carnaval de Río es la culminación de sus largos viajes, por lo menos así entendí y entiendo25.

Entre los autores, el Sr. Chin opta por relatar su viaje por Chile bajo el gobierno de Pinochet. Es un viaje de reencuentros. Chin había visitado Chile antes del golpe militar y tiene “novias” por todos lados. En su viaje de retorno recuerda el calor humano y la generosidad de la gente que no cambian a pesar del revés político26. Pero el viajero no

24 El movimiento estudiantil en la posguerra Showa tuvo dos momentos culminantes. El primero fue la movilización masiva en 1960, junto a los militantes de partidos de izquierda y los sindicalistas, para manifestar su oposición a la ratificación del Tratado de Seguridad entre Estados Unidos y Japón. Aunque no logró alcanzar la meta, este acontecimiento marca el último destello de un frente amplio que congrega la masa popular, los sindicatos, los intelectuales y los partidos progresistas. Luego tanto el partido socialista como el comunista dejan la actitud beligerante y toman la decisión de luchar en las urnas. A lo largo de los años 1960 del "milagro japonés", la gente vuelve cada vez más su mirada a la búsqueda de su propio bienestar y el término "revolución" ya parece poco real, y anticuado.

25 Curiosamente ninguno escribe sobre el encanto del carnaval de Río tal como hiciera Mishima 24 años antes. El carnaval de Río es el telón de fondo invisible que da unidad a los textos aparentemente dispersos y centrífugos.

26 “Era una familia humilde -escribe-, pero siempre me hacía sentir de lleno el cariño por parte de ellos. Solía ir yo de compras con la madre llevando una canasta rumbo al mercado colmado de verduras, frutas y flores. Con el padre ya muy mayor, salía a comprar queroseno con la lata vacía en la mano, y los domingos iba a la playa cercana de la mano de los niños. Había gente sencilla que siempre reía desde el fondo del corazón. Cuando estoy con esta gente humana y amable, siento el placer de vivir, me veo rodeado de la bondad de los seres humanos, y yo que he venido viajando solitario durante mucho tiempo me embriago de una felicidad que no sentía por mucho tiempo”. (Nonde kutte nete:170-171)

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puede permanecer mucho tiempo en un lugar. En la jerga de los mochileros, se dice

“hundimiento” si uno se enamora de una chica y decide poner fin al viaje. Chin reproduce el diálogo siguiente aunque no se sabe si fue real o imaginario:

-Olieta, tengo que marcharme ya.

-¿Para dónde?

-¿Para dónde?…pues, para países desconocidos, en busca de muchos más…

-¿Tienes que irte?

-Sí. (Nonde kutte nete:177)

Por cierto, nuestros viajeros de Beber, comer y dormir son sentimentales, fieles a la tradición japonesa. Ellos vagan por el mundo deseando llegar a “algún lugar que no sea aquí,” pero en el fondo, saben que en casa les espera la vida. Otro viajero, el Cursi, también relata una situación semejante. En Santiago de Chile, él se enamora de Elena, quien manifiesta el deseo de ir a vivir a Japón con él. No le desagrada la idea, pero un pensamiento lo disuade de buscar esa salida:

Si yo vuelvo a mi país con ella, entonces tengo que poner fin a mi viaje. Tengo que terminar el viaje y pensar en mi vida. Desde que tengo uso de razón, mi sueño siempre ha sido el viaje, y únicamente este ha sido mi consuelo, la razón de mi vida, la aventura, la vida, y todo. ¿Podré yo interrumpirlo de repente, además en el camino?

Empecé a darle vueltas a este pensamiento. (Nonde kutte nete: 59-60)

En aquel entonces los jóvenes hacían viajes largos que duraban años a veces. A pesar del alto crecimiento económico, la liberalización del viaje en 1964, y la puesta en servicio del Jumbo Jet hacia 1970, el viaje individual costaba muy caro todavía. Y además el valor del yen fue fijado a 360 yenes por dólar estadounidense hasta 1971 y solo se podía llevar una limitada suma de divisas extranjeras (en un principio solo US$ 500). Entonces, a menos que se tuviera la suerte de viajar financiado por otros, tal como fue el caso de Makoto Oda, era inevitable trabajar primero en Estados Unidos o en países de Europa para ganar suficiente dinero antes de salir a viajar. Muchos repetían este proceso varias veces e iba prolongándose el viaje. Por eso la vacilación de estos japoneses enamorados no se debía simplemente a indecisión o egoísmo, sino a estas condiciones.

En otro párrafo en que se relata el final de otro amorío, el Sr. Chin confiesa que ha viajado por el mundo siempre con la misma lucha interna, la que quizás a todos estos viajeros haya atormentado alguna vez:

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En tierras desconocidas he conocido a personas simples y buenas de corazón. Y siempre me esperaba la despedida. Pero, ¿acaso solo basta con eso? Si doy por sentado que estos encuentros son solamente unas escenas de mi viaje transitorio que forman parte de mi juventud que no dura mucho, siento que el viaje, y la vida misma también, es tan efímero que no puedo ahuyentar la pena que me oprime. (Nonde kutte nete:184- 185)

Este tono de lamento latente entre las líneas de un relato de viaje de aventuras se me quedó grabado, y me enseñó una gran lección. Durante los meses de mi primer viaje más o menos largo, para finales de los años ’80, fui buscando algo en lo que podía ir profundizando, tal vez de manera inconsciente, en vez de viajar por viajar. De hecho, el viaje de aventura de mochileros, de desplazamiento constante, no es la única manera de encontrarse con el mundo. Desde la antigüedad, siempre ha habido otra opción de procurar aprendizaje por un período extenso, por ejemplo, en un centro educativo.

Keiko Yanagiya (1942-) pasó 3 años entre 1970 y 1973 en Buenos Aires estudiando literatura en la Universidad del Salvador. Cuando llegó allí tenía 28 años27. Era una mujer con discapacidad en los pies por lo que necesitaba salir siempre conduciendo un automóvil.

En su libro Bajo el sol de La Plata, escribe sobre su familia anfitriona, amigos, viajes y, sobre todo, la vida cotidiana con un ojo observador lleno de simpatía y afecto. En su caso la discapacidad le exige un ritmo lento en todo lo que hace, pero esa condición le permite ver la cualidad humana de la gente, que quizás, viviendo contra reloj, no hubiese podido ver y sentir. Con un estilo emotivo y lleno de empatía, presta atención a la naturaleza humana común que existe más allá de las diferencias culturales. Esta mujer era también coetánea de los mochileros aventureros.

Los años 80: el viaje se convierte en espectáculo

La circunstancia que rodea a los viajeros individuales va cambiando drásticamente hacia finales de los años 1970. Comienzan a circular en el mercado pasajes económicos de avión, lo cual permite a los mochileros viajar directamente de Japón a los destinos elegidos sin pasar por los países del Norte. Después del fin del sistema Bretton Woods, que fijaba el valor del yen en relación con el dólar, en 1973 la moneda pasa a ser de cambio flotante, y de 1977 a 1979, en 2 años, la tasa de cambio del dólar al yen baja de 308 a 20628. Todo esto

27 Aunque no da detalles sobre cómo cubrió los gastos para vivir sola en Buenos Aires tanto tiempo, lejos de su familia, parece que eso no fue una preocupación mayor.

28 Statistics Japan, “Foreign Exchange Rates (1950-2005),”www.stat.go.jp/data/chouki/zuhyou/18-08.xls, visitada el 4 de abril de 2017.

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propicia la salida masiva de turistas japoneses hacia cualquier parte del mundo.

De todas maneras, de acuerdo con el aumento de personas que viajan de Japón al exterior, el significado del viaje con pasaporte en mano cambia. Antes era una experiencia única, un lujo, un rito de paso que normalmente no se repetía, pero ahora la gente empieza a viajar por cualquier objetivo cuando puede, hacia donde sea, con cualquier duración.

Entonces, el viaje que antes era un escape, una búsqueda de otro modo de vivir y un gesto de rebelión ante la subyugación a la vida diaria, ahora se vuelve ni más ni menos que en un recreo. Ante este cerco de la cotidianidad, la literatura de viajes adquiere un carácter de espectáculo con el fin de dejar intacta la esencia.

En 1984 el escritor Kotaro Sawaki (1947-) comienza a escribir en una revista el relato del viaje que realizó entre 1974 y 1975. Sawaki, viajero de 26 años de edad entonces, había partido de Japón rumbo a Europa pasando por el Sudeste de Asia, India y Oriente Medio. En 1986 los dos primeros tomos de su obra Shinya Tokkyu (Midnight Express) fueron lanzados al mercado. Esta obra, considerada ya un clásico del género, necesitó diez años antes de ver la luz. Yamaguchi (2010) hace un estudio meticuloso sobre el proceso de elaboración de Shinya Tokkyu y concluye que a Sawaki le hacía falta encontrar un marco y un estilo con los que pudiera narrar apropiadamente su viaje. Como cualquier otra persona de la época, Sawaki salió al encuentro de “algún lugar que no sea aquí.” Estaba movido por ansias de acción. Pero al escribir a mediados de los ’80, intentó presentar las experiencias de su viaje prestando más atención a la emoción que a las acciones. Yamaguchi lo explica así:

Debe de haber sido cuando adquirió el estilo de reacción en vez de acción que pudo comenzar a escribir Shinya Tokkyu como historia de escape, de moratoria para buscarse a sí mismo. Lo que hay que escribir no son las cosas que se ven en el viaje, sino las emociones, es decir, la reacción del “yo” (Yamaguchi, 2010: 144).

Para que esta historia se convirtiera en una obra literaria, el viaje real debía ceder el lugar a otro reconstruido29. De todas maneras, la aparición de Shinya Tokkyu como obra de no ficción marca un antes y un después. El libro de viajes ya no puede ser leído como un simple testimonio de vivencias. Los autores se esmeran en ofrecer algo más.

29 Desde otro ángulo, Maekawa (2003) trata de explicar el éxito de la obra de Sawaki por la omisión y la transformación llevadas a cabo respecto a la especificidad histórica. Por ejemplo, en la etapa final del viaje, Sawaki, o el viajero, llega al Reino Unido donde se somete a una inspección rigurosa. Aunque el texto insinúa la discriminación racial del inspector, Maekawa señala que en aquel momento debía de ser algo usual si recordamos los atentados terroristas cometidos recientemente por el Ejército Rojo de Japón en Europa (Maekawa, 2003: 224).

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Opa! de Takeshi Kaiko

Por cierto, Opa! de Takeshi Kaiko (1930-1989) es el libro más famoso en lengua japonesa sobre un viaje que se desarrolla dentro de América Latina, aunque su escenario se limita a las selvas amazónicas y al pantanal de Brasil. Como bien simboliza el título, cuenta las maravillas de la naturaleza que existen en esa región geográfica que el autor va descubriendo a través de la práctica de la pesca deportiva.

El reportaje fue publicado primero en la revista Playboy Japan entre febrero y septiembre de 1978, y luego se editó un libro en formato grande y lujoso con más de 300 fotos en color que en dos años vendió más de 100 000 ejemplares30 y aún se sigue vendiendo otra edición de bolsillo. Hay varios factores que explican el éxito: hermosas e impresionantes fotos realizadas por Noboru Takahashi, la fama incuestionable como escritor de Kaiko, la calidad literaria de su estilo y el impacto de la sorprendente naturaleza misma31.

El libro empieza con la descripción de un viaje parsimonioso al corazón de la Amazonia en un barco fluvial junto a pasajeros brasileños. Poco a poco Kaiko y su compañía, guía y fotógrafo entre otros, van alejándose del mundo de la actividad humana y se van internando en lo profundo del medio natural donde habitan animales y bichos feroces. Es muy parecido a un clásico relato de exploración en busca de riqueza o algún secreto escondido, pero el objetivo de su viaje es la pesca deportiva, tan moderna como divertida, por lo que necesita orientarse con la ayuda de otros hombres experimentados.

Los mejores de sus guías eran los japoneses residentes que, adondequiera que fuera, lo acogían de buen talante. De hecho, las maravillas contadas en el libro, hasta cierto punto, son sacadas de las palabras de ellos. En las palabras finales Kaiko manifiesta su agradecimiento a su apoyo de la manera siguiente:

En Santarém, en Cuiabá, en Brasilia, dondequiera que estuviésemos, nosotros bebimos, comimos y conversamos con los miembros de la asociación japonesa del lugar. Pero, es imposible entender los durísimos días que ellos vivieron en carne propia. Una comprensión ligera tiende a conducir al desdén. Soy partidario de Platón, que dijo que la compasión connota siempre el menosprecio. Entonces, cuando me pidieron dirigir palabras en banquetes, solía aclarar este punto primero, y luego les pedía que nos

30 Número señalado por kyousuke Kikuya en Kaiko, 1981 (p.344).

31 Por cierto, no cabe la menor duda de que las fotos que testimonian las andanzas de un escritor que ronda los 50 años, en pantalones cortos y con brazos desnudos, causaran una gran simpatía entre los lectores de mediana edad.

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hablaran de animales y bichos, y me sentaba. Estos señores se entusiasmaban al oírlo, y empezaban a soltar palabras con gusto, y nunca faltaban risas y voces alegres. (Kaiko, 1981: 342).

Kaiko confiesa que gracias a ellos pudo entender “las varias caras de la naturaleza, extraña, despiadada, noble y fecunda” y llegó a ver cosas que no suele ver en viajes normales. Además de estos japoneses, que también son buenos pescadores, Kaiko va conociendo en todas partes a personas hábiles con la pesca, y bromea diciendo que en las palabras de los pescadores no hay presente, solo hay pasado y porvenir. Él también espera con paciencia la llegada de ese momento, el eterno presente que lo sorprende inesperadamente y dura poco.

Al terminar el viaje de aventura de la pesca deportiva, Kaiko le compra a un japonés, propietario de una finca, una res y se celebra una gran fiesta de asado. Entre japoneses residentes, habitantes del lugar y simples transeúntes, cerca de 100 personas concurrieron para saborear el churrasco de un novillo entero ensartado en un poste de electricidad.

Después, le pide la cuenta al dueño de la finca y se jacta de lo barata que salió la fiesta.

Comenta que le costó solo 150.000 yenes, equivalentes a unos US$ 500 en aquel entonces.

Es difícil decidir si ese gasto fue de poca importancia, pero se supone que para este proyecto de dos meses el equipo debió de haber gastado varios miles de dólares. Lo cierto es que en la sociedad japonesa de 1977 eso era posible.

La imagen de Brasil representada en Opa!, por consiguiente, es la de una región distante y recóndita con la naturaleza exuberante y maravillosa. Pero su destrucción por el avance de la civilización y los avatares de la vida en la selva no pasan inadvertidos ante el ojo crítico de Kaiko32.

Diario de motocicleta de Juugatsu Toi

En los años 1980, se publicaron numerosos libros “de lujo” como Opa!, incluidos los de este mismo autor sobre el viaje de pesca en distintos lugares del mundo a lo largo de los años 1980. Estaban de moda los reportajes gráficos, y aparecieron numerosos artículos para ir llenando las páginas de revistas mensuales para hombres, y luego se hicieron libros de lujo.

32 Él pertenece a la generación que vivió la atrocidad de la guerra, los bombardeos y el hambre, y es por eso que en los años ’60 viajó a Vietnam para dejar testimonio de lo irracional que es la guerra. En la selva amazónica Kaiko recuerda sus días en la selva tropical de Vietnam donde le acechaba cada momento el peligro de una bala que no se sabe de dónde viene. Es por eso que la apariencia bucólica de las Amazonas en Opa! tiene espinas escondidas y un olor a sangre.

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Juugatsu Toi (1948-2013) aparece a mediados de los años 1980 como uno de esos escritores que se tildaban en japonés de “koudouha sakka” que tal vez pueda traducirse como “escritor en acción.” Juugatsu podría ser hoy un enigma en las letras japonesas, ya que a pesar de los miles de páginas y decenas de libros que dejó en sus 64 años de vida, muy pocos mantienen la vigencia. En el caso de Kaiko, consiguió un alto reconocimiento público como novelista de primer rango antes de cumplir 30 años, y luego fue ampliando su gama de trabajo. Pero Juugatsu empezó por hacer de todo: fue ilustrador, escritor de género no ficcional, conductor de programa de televisión, productor de publicaciones, novelista, director de cine, etc. En sus numerosas publicaciones se resaltan libros sobre Che Guevara y Fidel Castro, y crónicas de viajes en motocicleta, libros de entrevista. A mí me da la impresión de que, en el buen sentido, siguió siendo amateur en todo hasta el final.33

Juugatsu Toi nació en 1948 en Tokio, y era estudiante en una universidad privada de arte cuando el movimiento estudiantil cobró un encendido furor. Pertenece a la generación de Zenkyoutou, y de hecho participaba en muchas protestas. Pero desde que en 1970 abandonó la universidad sin graduarse, decidió hacer de todo34. Primero estableció con amigos una pequeña empresa para la producción de libros, a la vez que comenzaba a trabajar dibujando y escribiendo en cualquier género. En fin, no tendría sentido tratar de clasificarlo porque la sociedad japonesa, en rápido crecimiento económico, necesitaba hombres como él.

Después de cumplir 30 años comienza su afición por la motocicleta y, de pronto, empieza a participar en el Rally Baja 1000 formando su propio equipo, El Coyote, y entre 1987 y 1988 recorrió el continente americano montado en su motocicleta. El libro Hi to kaze no douhyou (El hito del sol y del viento) del que me ocupo aquí fue publicado en 1989, un año después que otro libro de lujo de fotos que documenta el mismo viaje. Se resalta la diferencia de tono entre las dos publicaciones sobre el mismo viaje: el libro de fotos destaca y documenta la aventura por un continente colorido y lleno de vida, mientras que la crónica del viaje es un libro más cínico, amargo y reflexivo.

Cabe señalar que su viaje por el continente americano en moto fue una aventura

33 De todos modos, no me interesa hacer juicios sobre la calidad literaria de Juugatsu. Me interesa más bien ver su figura como fenómeno socio-histórico, y por supuesto, considerar lo que dejó por escrito. Lo importante es que fue bastante conocido. Veíamos a menudo su nombre en tapas de libros, en revistas, en pantallas pequeñas y grandes. Aparecía su imagen montado en motocicleta por todos lados. Yo pensaba que era alguna persona famosa, pero no sabía muy bien quién era.

34 Juugatsu, cuyo nombre en japonés significa “octubre” ya que su padre deseó rendir homenaje a la revolución rusa con éste, fue un hombre insubordinado y tenaz.

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compartida por su equipo El Coyote35 y subvencionada por empresas. Y además los acompañaba un equipo de televisión para documentar su marcha. Juugatsu era el jefe y la cara visible del equipo, y el cronista oficial del viaje en moto. Repartidos entre motos y camiones, cerca de 10 hombres se desplazaban juntos todo el tiempo. Su lema era “ viajar en condiciones propicias para la marcha en moto” y se calificaba de un simple “viajero que quiere encontrarse con el ‘mundo' con la ayuda de la moto” (Toi, 1989: 27). Era un viaje a vista de pájaro, pero no tan artesanal como el de los mochileros sino sistematizado y actualizado con toda la maquinaria del tiempo para ir satisfaciendo la demanda de los espectadores.

Ellos parten de Alaska rumbo a Patagonia, bajando todo hacia el sur por la ruta panamericana pasando por Estados Unidos, México, Centroamérica, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina y llegan hasta el “fin del mundo”. Parece que a Juugatsu le interesaba más América Latina que América del Norte, porque en un párrafo afirma que al cruzar la frontera con México, sintió exaltación y alivio como si volviera al lugar donde nació (Toi, 1989: 72).

Pero Juugatsu advierte la supremacía de Estados Unidos en Centroamérica. Cuando ve pasar un camión, observa que en el mismo vehículo van soldados robustos estadounidenses

“como masas de proteína” y soldados hondureños “desnutridos” (Toi, 1989: 120). La mirada de Juugatsu va más allá. Cuando se da cuenta de que hay unas mujeres que están esperando a los soldados norteamericanos delante de un hotel agradable con aire acondicionado, recuerda que había visto antes una escena similar en Filipinas y en Okinawa. Aunque no lo escribe expresamente, es obvio que en la imagen de Centroamérica débil e impotente, superpone la de Japón bajo las alas de Estados Unidos con sus Fuerzas Armadas36.

Además, no solamente frente a la dominación de Estados Unidos, Juugatsu rechaza todo cuanto ejerce el poder. Por eso en la frontera ecuatoriana con Colombia, no pudo evitar una reacción violenta contra un soldado que quiso inspeccionarlo por la fuerza. Y luego evoca sus días de juventud en oposición a los policías antidisturbios, y dice que desde entonces “el cuerpo no acepta a los hombres de uniforme” (Toi, 1989: 86). Es muy

35 Escribe lo siguiente sobre sus compañeros de viaje: “Cada uno es un hombre autónomo. Ha acumulado su propia experiencia y tiene su propio modo de ver el mundo. Cuatro hombres así me acompañan en este viaje.

Los cinco hacemos el viaje juntos, pero de ninguna manera hacemos uno solo. Cada uno hace el suyo. Eso lo prometimos” (Toi, 1989: 29).

36 Es por eso que cuando llega a Nicaragua, bajo el gobierno sandinista entonces, reflexiona exaltado lo siguiente: “Un país diminuto de piel morena, con su eje de nacionalismo, planta cara a la política, la dominación económica y la invasión militar de Estados Unidos. Ellos dijeron no a seguir siendo el ‘patio trasero de América,’ explotado desde las raíces y aplastado sin razón. ‘Nunca más,’ dicen ellos” (Toi, 1989:

145).

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curioso que en este libro Juugatsu hiciera mención directa a sus días de lucha contra el poder del estado en el movimiento estudiantil de casi 20 años atrás.

Pero lo que más me llamó la atención es el episodio del director del equipo de la televisión que, por decisión propia, procedió a arreglar y filmar un reencuentro de una pareja campesina peruana con su hija que vivía en la Capital, Lima, una escena conmovedora que tal vez agradaría a los televidentes. Juugatsu convocó una reunión entre todos, y delante de ellos se lo reprochó:

Aunque no fue esa mi intención, la reunión resultó ser una ocasión para reprochar al director entre todos. Él hizo autocrítica. Prometió, delante de los demás, cambiar completamente de su actitud frente a este viaje (Toi, 1989: 96) .

Fue una lucha interna para decidir quién tomaba la iniciativa para garantizar la verosimilitud del viaje. El término “autocrítica” caracterizaba la postura idealista e intransigente que llevó al movimiento estudiantil de Zenkyoutou al fracaso. Juugatsu escribe esto a finales de 1980, en medio de una sociedad de consumo celebrando la burbuja económica. Este anacronismo no me deja de causar sonrisa, pero a la vez me invita a reflexionar sobre la fuerte frustración compartida por una generación de japoneses37.

Conclusión

En este trabajo he tratado de esbozar algunas tendencias latentes en los libros japoneses de viajes a América Latina escritos entre 1952 y 1989, a la vez que intentaba poner de relieve las condiciones de su producción.

Como no se trata de un estudio exhaustivo, por lo cual la selección de libros fue arbitraria, es imposible presentar un cuadro equilibrado ni desarrollar una proposición fáctica. Sin embargo, creo que he logrado mostrar un panorama de viajeros japoneses a América Latina reuniendo pedazos dispersos en el tiempo. Lo primero que intenté fue aclarar en qué circunstancias y bajo qué condiciones viajaron los japoneses a América Latina en la posguerra Showa. El primer período fue entre 1952 y 1964, cuando solo personas selectas con fines específicos podían salir del país. El segundo fue entre 1964 y 1977, cuando el bajo valor del yen dificultaba el acceso a América Latina, aunque poco a poco mochileros jóvenes empezaron a combinar trabajos a escondidas con sus andanzas

37 Japón tiene garantizada la seguridad nacional gracias a la protección de Estados Unidos, y lo único que podemos hacer es seguir mirando impotentes, tal como lo denunció Ryu Murakami en su novela Azul casi transparente (1976).

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por el mundo. En el tercero, entre 1977 y 1989, gracias a la cotización alta del yen, prácticamente todos los japoneses estaban ya dotados de la posibilidad de realizar un viaje a América Latina si querían.

A pesar de las condiciones históricas señaladas arriba, me parece que no varió mucho la mirada de los viajeros japoneses hacia América Latina: es una tierra lejana de difícil acceso con poca información disponible, tierra que invita a hacer aventuras, sobre todo a los hombres, donde gente hospitalaria los espera y comparten el sentimiento en contra de la supremacía económica y política de Estados Unidos. Según la postura de cada uno de los viajeros varía el sentido del viaje: los que realizan un viaje apresurado a vista de pájaro tienden a reproducir las formulaciones estereotipadas acerca de la región, mientras otros que permanecen en un lugar y profundizan su conocimiento tienen más detalles que contar, aunque me atrevería a decir que no siempre el conocimiento ayuda a cambiar mucho lo preconcebido. Por ahora esta idea permanece como una hipótesis, por lo cual necesitaré más estudios minuciosos sobre el tema de la mirada japonesa a América Latina.

Antes de terminar, quisiera hacer una breve mención a las voces femeninas. También han pasado por América Latina mujeres japonesas y existen algunas publicaciones. A pesar de que para las mujeres sin apoyo familiar o institucional, viajar a América Latina resultaba muy difícil, algunas optaron por arriesgarse, y dejaron por escrito sus memorias. Las voces femeninas se colocan en el margen de la formación discursiva sobre América Latina en la posguerra Showa, y en general son trabajos poco recordados hoy. Pero ellas también tomaron iniciativas para dar a conocer y compartir el fruto de sus estancias en América Latina.

Cito un ejemplo. A finales del año 1950, Makiko Yamamoto (1912-1993) viajó a Buenos Aires junto con su hijo de 12 años. Tenía 38 años. Permaneció en Sudamérica duarnte 9 años, y regresó a Japón en 1960. En 1963 publicó su libro titulado Un viaje a la música latinoamericana. Es un libro que trata de explicar objetivamente el contexto social que está detrás de algunas canciones latinoamericanas famosas en aquel entonces. Cuenta anécdotas sobre el piropo, por ejemplo, al que tuvo que exponerse siendo una mujer bella y atractiva, y hace una reflexión sobre la relación entre la mujer y el hombre. También intenta explicar la sociedad porteña a través del sentido del barrio, los juegos, el baile de tango, la muerte de Eva Perón, la vida en la pampa, etc. Todo se fundamenta de alguna manera en lo que experimentó en carne propia, y se aproxima a la sociedad desde la calle.

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Yamamoto tradujo libros sobre América Latina también38. En uno de esos libros traducidos al japonés, Cimarrón, de Miguel Barnet, ella escribió un breve ensayo titulado

“Cuba para mí” y nota lo siguiente:

(…) me enteré de que cerca de veinte países en la región extensa de América Latina comparten la historia, el idioma, la religión, y el destino común de verse obligados a sufrir bajo el despotismo de España hasta el siglo pasado y bajo la intervención política, económica y militar del imperialismo norteamericano en el presente, pero también el hecho de que los pueblos latinoamericanos, compuestos por una mayoría mestiza entre indígenas y españoles, no se sabe por qué, sienten una simpatía peculiar por Japón (Yamamoto, 1968: 231).

Como ella sugiere, lo importante no es solamente la mirada de nosotros sino también la de ellos. Muy pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre la razón por la que la gente de América Latina es simpática con nosotros y qué hay detrás de la sonrisa de ellos. Hay que abrir otra vía de diálogo, no solo político, económico y cultural como hasta ahora, sino también intelectual, de igual a igual. Para ese fin, espero que sirva esta modesta reflexión histórica acerca de la mirada japonesa hacia América Latina.

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38 También se destaca el hecho de queYamamoto llegó a establecer unos vínculos personales fuertes con las autoridades revolucionarias cubanas, y fundó el Instituto de Intercambio Cultural Cubano-Japonés en Tokio.

Fue un gesto de solidaridad con el gobierno revolucionario cubano, sin ningún apoyo oficial ni financiero.

Como parte de la labor de esta institución, logró enviar varios contingentes de jóvenes voluntarios japoneses para trabajar en la zafra cubana. Aunque poco se conoce y su valor histórico está por corroborar, creo que este intercambio dio un impulso importante para estrechar el vínculo con América Latina.

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参照

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